Aplican restricciones (Un cuento caliente)

Cuando estaba en colegio como en 10º fue cuando tuve mi primera tusa memorable.  
Con la dignidad en el piso y odio fluyendo sin control hacia esa niña que me había roto el corazón por primera vez, decidí llamarla para reclamarle el hecho de no aceptar mi amor sincero. 


Con la tristeza en la voz, tomé el teléfono y al ver que la conversación no funcionaba, que no iba por el camino que yo esperaba, el desespero me ganó, le dije «puta» y colgué. 
Lo siguiente fue el caos. 


Pasé la tarde viendo llover por la ventana hecho mierda entre la rabia y la tristeza.
Pero al llegar mi Papá del trabajo, las cosas se pusieron turbias. Porque la señorita que me había dejado el corazón hecho polvo le había contado a su papi que yo le había dicho la palabrota prohibida y pues el Papá furioso llamó al mío y  Pineda había quedado como un gamín. 
La muenda que me dieron, ¡mamita querida! 

Cuando la tormenta pasó y mi Papá me perdonó me dijo estas palabras: «A una mujer nunca se le levanta la mano y jamás se le dice esa palabra» 


Lección aprendida. Esos códigos se volvieron sagrados para mis 15 años y pues siempre he sido respetuoso con las señoritas porque así debe ser y porque además es mejor evitarse problemas con ellas, ya que siempre tienen las de ganar, por si no se han dado cuenta.

El tiempo pasó y antes de entrar a la universidad, me dediqué a estudiar inglés para poder vagar un rato, en el curso, conocí a una niña lo más de bonita, pelo corto hasta los cachetes y ojos  negros lindos.

 
En cinco minutos estaba completamente enamorado-


Debo decirles que en esas épocas las experiencias sexuales eran más escasas porque eran un tabú, no teníamos tan claro cómo llegar a ellas, nuestra mente no era tan abierta y faltaba comunicación,
Hoy por hoy ya tod@s lo piden y tod@s lo damos…
En fin, en esa época las vainas eran más difíciles.


Lo cierto es que esa niña de pelo cortico hasta los cachetes me tenía llevado con pasión. Era todo para mi, y de hecho, escribiendo esta historia les diré que uno de los días más felices de la vida fue cuando al subirme a su carro me dijo:  «Oye, me gustas»  Grandioso día donde me quedé callado del pánico. :/


Pero todo salió bien y terminamos cuadrados y caminábamos de la mano felices, hablábamos hasta que nos amanecía y nos besábamos, solamente nos besábamos, no había posibilidad de nada más porque los escenarios eran complicados y ningún padre de mi generación dejaba solos a una pareja de quinceañeros con las hormonas fluyéndoles hasta por las orejas. 

El curso de inglés era en el norte y ella vivía cerca, yo, en cambio vivía en el sur de la ciudad, así que nuestra relación era 80% teléfono, 15% Personal y 5%  Física
Salíamos y nos sentábamos en el jardín del edificio por un rato, luego ella se iba para la casa y me dejaba en la autopista norte donde yo me trepaba en un bus que me llevaba a la autopista sur.

 
Pero un día…


Ella llegó al salón con otra actitud. Más…. Bueno más caliente, con manos inquietas jajajaja besos en todo lado y pues me tenía con la hormona calenturienta a flor de piel.


Al salir, me dijo. «¿Vamos a mi casa? Te vas más tarde para tu casa y pasemos la tarde juntos » 
De una dije que si. Llegamos y ella seguía alborotada, comenzamos con la besuqueadera descontrolada la mano que va, que viene, que desapunta, que toca. la calentura a pleno hervor….


Nos fuimos al cuarto ella y yo y la ropa al río, y cuando estábamos a punto de comenzar aquella deliciosa función… Una frase me rayó la cabeza y me dejó absolutamente bloqueado…
«Dime puta» Me dijo… Y yo quedé como año viejo sin pólvora.


No sabía que decir, entonces ella seguía besando en el cuello mientras ella repetía «Dime puta» 
Y aunque yo estaba desconcertado, estaba también caliente pero me dañaba todo infinitamente pensar en las palabras que me había dicho mi Papá…¿ Se acuerdan?

 
» A una mujer nunca se le levanta la mano y jamás se le dice esa palabra»

 
Ella insistía en que le dijera, entonces tomé aire y me detuve. La miré y le pregunté que por qué quería que le dijera esa palabra tan prohibida, tan maluca que me había costado juete la última vez que la mencioné… ¡Una güeva yo sé!

 Y ella, me dijo sonriendo. «Dime puta, no le diré a nadie» 

Déjenme decirles que el primer «Putazo» fue terrible e incomodísimo, era raro decirle eso a una mujer que de verdad quería y al mismo tiempo estar en una escena caliente, era como estar pecando y empatando al tiempo…

 
Peeeerooooooo

 
A los 5 minutos Doña Gloria era Disney al lado de mío y como a ella le gustaba pues era placentero para mi también.

 
Hasta que me salió con otra perla… «Pégame en la cola»

 
JAJAAJAJAJAJAJA Otra vez me imaginé la jeta de mi Papá…


Pensaba que estaba siendo una mala persona…. Pero me valió huevo y ya entrado en gastos y bien jetisuelto que estaba pues … ¡Lleveeee putaaaa! JAJAJAJAJAA 


JAJAJAJAJAJAJAJJAJAJA Esperen que me atoré de risa recordando… ¡Perdón! Es aquí donde hago el disclaimer. No pretendo ofender a nadie, espero lo tomen como viene y en el contexto de la historia.

 
El camino de regreso a casa fue sumido en un solo pensamiento y poseído por la alegría que solo brinda una grandiosa revolcada.


Repetimos la experiencia por meses, fuimos novios de amores sin remilgos, una pareja feliz, sonriente y unida.

 
Pero a veces la vida como da quita. Y las cosas buenas terminan. El curso de inglés terminaba y era hora de entrar a la universidad. Yo en Bogotá, ella en Alemania.
Había que decir adiós.


Dolió mucho, pero esta vez aunque el corazón quedo roto fue una ruptura diferente a la de una tusa. Fue un dolor que la costumbre sanaría.


Nunca dejamos de hablar, de hecho una noche hablando con ella me pidió que le dijera «Puta» y se lo dije, no sabía que mi Papá había pasado por ahí justo en ese momento. 
Cuando colgué me dijo. «Nunca aprendió la lección ¿No?»


Quiero decirles que esta historia salió de una conversación por Skype con las mismísima protagonista, quién después de leer mi blog y comentar algunas de esas historias, me pidió que escribiera esta.


No pretendo irrespetar a nadie ni causar repeluz en su buen juicio. Así que espero eso no pase. Y si es el caso me disculpo si l@ ofendí .


En cuanto a decirle esa palabrota a una mujer y levantarle la mano, nunca lo haré. Sigue siendo para mi una regla de oro…


Con sus excepciones… Claramente.  
Fin. 
Feliz semana 
Por Pineda

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