Conociendo a mi suegro

Me levanté nervioso, un poco ansioso, mi día comenzó difícil y no sabía qué ponerme. Estaba más preocupado por ensayar mentalmente un diálogo que no sabía a ciencia cierta cómo iba a ser, tenía 17, obvio estaba estresado.


Me subí al taxi ese sábado por la mañana, estrenando una camisa para no sentirme como una foto viva con la misma ropa de siempre.

En el camino revisé los detalles básicos, cómo el aliento, el peinado, limpié mi ropa con la mano para espantar el polvo de la ciudad y me aseguré de no tener la cremallera abierta ya que esas cosas le pueden pasar a cualquiera, y a mi me pasa siempre.


No había podido desayunar, no me dio hambre por los nervios… Si, nervios. Estaba más preocupado que nunca porque ese día iba camino a conocer a los papás de la mujer con la que ya me había acariciado, dormido y despertado incluso en su propia cama… Si. ya habíamos demostrado nuestra calentura en la cama de los papás.¿Entienden ahora mi situación?


El plan era ir a la finca en Tenjo, mi suegro había trabajado como un buey toda la vida y esa finca era su olla de oro al final del arcoíris.Al llegar y quizás por los nervios, mi sistema digestivo comenzó a reaccionar raro, como si hubiera desayunado frijoles con ostras, y bebido jugo de curuba en leche.


Tenía ganas de vomitar y me sudaban las manos, tanto, que sin que nadie lo notara, las movía al viento para que se secaran. Estaba hecho un manojo de nervios, una pelota.


Cuando salió el suegro, venía cargando unas lámparas que habían comprado para la finca. Le dije Don Romualdo cómo está. (Pongámosle Romualdo) y el me miró de arriba a abajo y me dijo: «Cómo le va, no le doy la mano porque voy con estas vainas que pesan mucho».


¿Será que esperaba que yo me mandara a ayudar? Ahora creo que sí; pero igual en ese momento no lo hice. No se me ocurrió.


Solo respondí con un escueto «Tranquilo» y dejé que el señor se diera mañas para acomodar las lámparas en la camioneta mientras pensaba: «Ya le caí mal a este man».
En esas salió la suegra, más amable y conversadora; me saludó sonriente y me pidió que fuera por unas bandejas que ya traía en sus manos la señorita de la que estaba enamorado y por la que estaba
soportando ese revoltijo en la panza.


La saludé con beso en la mejilla, no me atreví a más, así que en ese momento solo fuimos amigos.Le iba a pedir el baño para dejar salir mis preocupaciones, pero en esas el suegro gritó. «¡Nos vamos!» Y como ya había tenido ese episodio de primera impresión fallido me dije que tenía que aguantar y me dispuse a subir a la camioneta.
Pero cuando llegué a la puerta, al tratar de abrir, me quedé helado cuando todos gritaron al tiempo ”¡NOOO ABRAS!» Pero era tarde, yo ya tenía la puerta de par en par; y resultó que estaba dañada, no cerraba.


Eso hizo que el suegro echara un bramido… Un «Arrrrrghhhh» que me dejó peor, estaba bravo conmigo y pues yo que iba a saber. Sin embargo, mantuve la calma y no dije nada.El viejo fue por una pita, amarró la puerta mientras gruñía y no era capaz ni de verme. Me odiaba el man.


De camino a la finca no hablamos mucho, y fue mejor, sin embargo el suegro cada tanto me echaba vainazos como «¡La comunicación social es carrera de mujeres!» Yo lo ignoraba pero ya estaba cansado de sus apuntes.


Comenzó a notarse la mala leche cuando yo le pregunté algo sobre la finca y me dijo, «Usted qué va a saber de eso». Romualdo era agrónomo y yo le parecía un debilucho por estudiar periodismo.El tema es que no entré en conflicto, mi novia me decía con la mirada que el era así y yo lo tomé como venía.


Al fin llegamos a la finca, y después de aguantar muy mala vibra yo estaba cansado, pero estaba con mi novia y ella me acompañaba todo el tiempo… Hasta que mi cuerpo se reveló.


Sentí unas náuseas incontrolables, corrí al baño, (el único que había). Aún me pregunto por qué no corrí al campo… ¡No sé por qué!El hecho es que vomité hasta mi primer tetero sin contemplaciones y por varios minutos hasta que por fin me sentí mejor; tomé agua y al tratar de soltar el baño… Este se rebosó dejando una escena de terror.Y ahí todo se fue a la mierda. 


Ese señor comenzó a gritar a putear y a maldecir, yo me disculpaba muy apenado y el man más gritaba.Le quise ayudar a limpiar y en ese momento me dijo. «Ya me hizo mierda la puerta y la finca, váyase de aquí»


Y yo le dije: «Ya me voy, disculpe en todo caso» y salí de allí hacia la carretera a esperar un bus, también estaba furioso pero el malestar se me quitó y eso era un punto bueno. Y detrás mío… ella.


llegamos a su casa después de un viaje incómodo en bus, yo tenía esa sensación de culpa que no me dejaba en paz. Fue un verdadero mal día. 


Al final nos quedamos en casa viendo películas y aunque ambos sabíamos que la relación se pondría difícil, pues no le dimos importancia y seguimos adelante. 
Nunca volví a ver a mi suegro, cuando iba él no estaba, yo tampoco iba muy seguido o la esperaba afuera. Seguimos juntos por un tiempo hasta que ella se fue a vivir a Europa.


Este episodio de mi vida, motivó un texto que está en este blog y que pueden leer aquí
Solo diré que de los suegros no depende nada… Pero quién soy yo para dar consejos, yo solo vine a contarles mi versión de los hechos.
Gracias por leer

Por 
Pineda.

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