El disfraz

Esta historia le pasó a un tipo que muchos de ustedes conocen. 


Todo comenzó unos días antes del 31 de octubre, había una fiesta y tocaba ir disfrazado. Todos los amigos habían alquilado disfraces impresionantes y pues el tipo no podía quedarse atrás. 


Por eso se fue para una tienda especializada en el alquiler de disfraces y después de medirse varios, de vikingo, Popeye, perro caliente, lápiz y super ratón. Vio un disfraz que le pareció maravilloso,
un disfraz que consideró sería la sensación de la fiesta porque en realidad era muy simpático; era uno de pato, si, de pato.

Pero la cara del pato tenía un aspecto borrachín, chistosísimo. 

Miren, el disfraz era una cabeza de pato enorme donde la cara del usuario quedaba dentro del pico, así que podía respirar libremente y recibir bebidas sin complicaciones.

 
Esta cabeza se conectaba con un cuerpo barrigón abullonado de peluche blanco, con la cola de pato que ya se imaginarán y por donde salían los brazos cubiertos por unas alas pequeñas muy chistosas. 


Dentro llevaba una trusa blanca y los zapatos eran de una especie de espuma anaranjada que no necesitaban zapatos pues éstas eran apretadas y muy cómodas. 


El tipo se midió el disfraz y todos los amigos con los que iba se desmayaron de la risa y estuvieron de acuerdo que era el mejor de todos.

Así que él, sin dudarlo, lo alquiló y quedó contento con su decisión. 


Llegó el día de la fiesta y pues nuestro amigo comenzó a ponerse el disfraz, se puso la trusa con calzoncillo debajo porque tampoco, se puso el cuerpo que en realidad no pesaba nada y se puso la cabezota. ¡Estaba listo! 
Una vez con el atuendo completo se sintió muy cómodo, en ese momento llegaron a recogerlo y ahí vino el primer problema.

Por más que intentaron no cupo en el carro. ni quitándose la cabezota. 
Entonces después de muchos intentos no hubo nada que hacer más que quitarse el cuerpo, la cabezota y las patas, echarlas al baúl y viajar en trusa hasta la fiesta.

Cero lío, vamos de parranda esas no son penas…
Al llegar hicieron el mismo proceso, se puso el cuerpo del pato, la cabezota y ¡listo! El pato había llegado. 


Cuando entró fue de inmediato la sensación, todos querían abrazarlo desde batichica hasta la chilindrina pasando por cantinflas, la momia, las vaqueras, el zombie y el hombre disfrazao de bailarina. 


Y fue entonces donde llegó el segundo problema, y era grave. Como el cuerpo era tan grande las manos no alcanzaban a llegar a la cara, dependía de la caridad de los demás para que le echaran algo de tomar en la boca. Y pues, menos mal él tenía buenos amigos a los que no les importaba hacerle el favor al pobre pato ahora discapacitado. 


Y así fue, Todos y todas estaban dispuestos a darle trago al pato que era la sensación bailando en la pista mientras todos se reían de los simpático que se veía el disfraz.

 
Entonces llegó otro problema. Con tanto guarapo suministrado por los amables invitados pues al pobre pato le dieron ganas de ir al baño, vaina con que aún no entiende cómo no tuvo en cuenta. 
con la vejiga a punto de reventar el pobre pato prendido se encaminó al baño.

La fiesta era en un salón comunal y los baños eran muy pequeños, 
De alguna manera y gracias a que Dios cuida a sus borrachitos disfrazados de pato, logró entrar al baño y después de varios minutos de lucha intensa con el control de su vejiga más la lucha por arrancarse el disfraz quedó en trusa, osea, básicamente tenía que hacer chichí empeloto
Ya para esa hora el tipo ya odiaba el disfraz, Y lo peor era que no tenía nada que hacer.

Quedarse en trusa, pensó, pero qué boleta…. Nah!! Maldita sea tocaba quedarse así
Igual ya sabía cómo maniobrar pa ir al baño.

El vaso medio lleno siempre.


Con el tiempo y la bailadera los problemas se olvidaron, la gente le seguía echando aguardiente en la jeta al pato, el pato se demoraba en el baño pero meaba empeloto ya controlando el tejemaneje del disfraz y todo estaba bajo control.

 
Pero como nada sale bien y la vida está llena de problemas, llegó otro lío el jijuepuerca, con el baile y la saltadera el pobre pato comenzó a cocinarse en sus jugos, el calor comenzó a hacer de las suyas y por ende a sudar como pato al horno, 
Eso sin contar con que la trusa esa, combinada con el sudor hacían que ésta picara como un jijuepuerca hasta desesperar. Y pues rascarse la espalda era algo imposible. Así que pues corra al baño, empelótese, échese agua y rásquese el cuello. 

La vaina ya estaba pasando de pato a color de hormiga. 
La fiesta siguió y el pato aunque sufriendo un poco ya estaba prendo y eso hacía que se le olvidaran un poco los malestares que sentía. 


Pero todavía no pasaba lo peor amigos….
Una de las que más le echaba aguardiente en la jeta al pato simpático era la pirata. Una señorita que mostraba pierna y usaba una espada y un garfio. Bonita ella y muy prendida también. 


El pato estaba que se fumaba un cigarrillo y pues entenderán que como no le alcanzaban las manos pues dependía de que alguien le diera cigarrillo, además salir era buena idea para tomar aire y quitarse la cabezota que ya a esa hora era inmamable.


Salió con la pirata, quien amablemente le daba cigarrillo, ella se sentó en una banquita y el pato le conversaba de pie, no se podía sentar. 


Hablaron de todo y hubo química entre pato y pirata así que se besaron solamente ya que al pato no le alcanzaban lo brazos ni para abrazarla.


La cosa se puso caliente y a la pirata le dio disque por irse a lo oscurito a brindarle su hormona calenturienta al pato así que el pato se dejó llevar. 


Llegaron a el «Oscurito»que era afuera del salón detrás de unas matas y pues el pato ya sin cabeza y entregado a la hormona calenturienta de la pirata hizo caso cuando ella le dijo «Quítate ese disfraz de mierda» 
El pato hizo caso y como pudieron entre los dos trataron de abrir la cremallera del cuerpo de pato y esta jijuepuerca casi no abre. Al fin, la pirata muerta ya de risa en vez de estar calenturienta arrancó literalmente el cierre 
Para encontrarse una trusa y echarse a carcajadas sobre el pobre pato sudoroso al que le picaba todo.

 
La trusa salía fácil pero fue tanto el esfuerzo de parte de la pirata y el pato que pues la hormona calenturienta los abandonó y nada pasó. 


Para esa hora ya estaba amaneciendo y pato y pirata se sentaron a ver ya sin cuerpo, sin cabeza y sin una pata. Y ella, la pirata, sin parche, sin espada y sin garfio.

 
Pato y pirata se fueron a sus casas esa mañana, El antes pato, ahora en trusa con el cuerpo y la cabezota envueltos en las manos se montaron al carro.


La pirata también se fue no sin antes despedirse del pato con un dulce «Nos vemos más tarde?» 
Pato y pirata dejaron de serlo esa noche y luego se convirtieron en novios, se acompañaron por dos años y tuvieron dos fiestas más de disfraces, fueron al año siguiente, cenicienta y príncipe y al otro año vampira y Superman. 
Paradójicamente esa noche de vampiros y héroes la historia se acabó y pato y pirata nunca volvieron a hablar.

Pero en sus memorias quedó siempre la buena onda de ese octubre de 2008.


Los buenos recuerdos nunca quedan disfrazados en la memoria.


Fin 


Por 
Diego Mauricio Pineda R

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