El viaje

Últimamente he estado pensando en que hay muchas cosas en mi vida que aunque parecen normales para todos yo aún no he hecho.

Una de esas es viajar en pareja. Por eso me di a la tarea de preguntarle a mis amigos acerca de sus experiencias y salieron de allí este par de historias, una buena y una mala, que espero les gusten.

Las voy a dividir en dos historias. Esta es la primera.

PARIS EN VERANO

Nos tomó 6 meses planear el viaje de los sueños, desde la compra de los pasajes nos llenamos de ilusiones llenas romance parisino, soñábamos caminar tomados de la mano por sus calles y fundir nuestras siluetas besándonos con  la Torre Eiffel como testiga de nuestro amor llenando de me gusta nuestro álbum de Facebook.

Hago esta aclaración porque en ese entonces no había instagram y tampoco Smartphones, solo existía Facebook y el proceso era llegar al hotel en la noche y subir las fotos desde nuestra cámara Sony Cyber Shot de 8 mpx que habíamos comprado hace meses y aún estábamos pagando juntos… Porque ¿qué sentido tenía ir de viaje sin cámara? Tocaba endeudarse.

Faltando 15 días para viajar tuvimos una pelea fuerte por plata, esto llevó incluso a pensar en cancelar el viaje, pero ambos sabíamos que no se podría así que lo solucionamos y nos fuimos esperando que París «la ville de l’amour» curara nuestras heridas.

Desde que despegamos en Bogotá él comenzó a estornudar, pensamos que era una alergia y no le dimos trascendencia, sin embargo durante todo el vuelo la cosa comenzó a empeorar transformándose en tos seca y un poco de fiebre.

¡Me enfermé! Me dijo, yo no le di importancia y le dije que en París lo primero que haríamos sería comprar un antigripal y listo. -toma agüita mi amor- le dije, y entre bebidas calientes y un acetaminofén que nos dieron en el avión nuestros pies tocaron París.

Llegamos con esa sensación extraña del «Jetlag» una especie de guayabo jartísimo por el cambio de meridiano que lo hace sentir a uno trasnochado, era entendible, estábamos mamados pero  ¡estábamos en París!.

Eran las 8 de la noche y el sol brillaba entre las calles de la ciudad luz, en el taxi comenzamos a tomar fotos de camino al hotel, yo estaba dichosa, y él enfermo… Con esa sonrisa a medias gracias a la jeta de maluquera… ¡Esa puta jeta! que yo evitaba mirar porque me daba rabia.

Y no, no es que no sea tolerante ni falta de compasión, pero es que estábamos en París, al menos merecía más actitud, entiendo que estaba enfermo pero pues trate de meterle pilas al menos ¿no?

En fin, llegamos al hotel y nuestro plan era cambiarnos y salir a cenar, ¡soñaba con eso! Así que con toda la paciencia, le pedí a mi pareja y su jeta insoportable que se bañara, que eso le sentaría bien, sin embargo ese fue el peor consejo que pude darle… Se bañó y eso lo dejó peor, la jeta era inlavable.

Y no, no es que no sea tolerante ni falta de compasión, pero es que estábamos en París, al menos merecía más actitud

Se recostó ardiendo en fiebre y pues ahí si lo vi enfermo, entonces me sentí mal y pedí al hotel algo para el resfriado pero ellos me ofrecieron un médico, así que acepté; cuando llegó el doctor lo vio, le dejó unas pastillas, un jarabe, jugo de naranja y nada más.

Además advirtió que las pastillas eran muy fuertes, daban sueño y no podía tomar alcohol… Así que esa primera noche disfruté de París desde la ventana. Adiós cena del primer día.

Desperté al otro día y lo primero que hice fue tocarle la frente a él. La fiebre se había ido. ¡SE LO AGRADECÍ AL CIELO! 
lo desperté a besos.

El sol brillaba a través de la ventana para darnos un nuevo día, un nuevo comienzo.

Me dijo que se sentía mejor y que me bañara para salir a desayunar y caminar París, de un salto estaba lista, salimos y ahí comenzó de nuevo la pesadilla.

Esa puta moquiadera, esos ojos abutagados los soportaba… Pero esa actitud de muerto en vida por una gripa si ¡no!.

Estaba en la inmunda, le dije que se tomara la pastilla y no quería, paramos en un café y no quiso comer nada, yo lo paladié, lo consentí, le metí paciencia y nada. Esa jeta de moribundo me tenía desesperada, era inaguantable.

Decidimos regresar al hotel como a las 4 de la tarde porque él enfermito no podía más; le dije que se tomara la pastilla y que durmiera un poco pero no quería así que no insistí, se recostó se quedó dormido y yo aburrida bajé al bar a tomar una copa.

En el bar conocí a un grupo de mejicanos y me puse a hablar con ellos, estaban almorzando y luego iban a ir a caminar por la ciudad y nos invitaron.

Yo pensé que era una buena idea y tenía la esperanza de que mi pareja se hubiera tomado la pastilla y se sintiera mejor, así que subí a avisarle y cuando entré lo encontré envuelto en las sábanas tosiendo y temblando.

Le dije de nuevo. Amor tómate la pastilla… Peleamos y me dijo que no tenía la culpa de estar enfermo… Pero tampoco quería recuperarse.

Me emputé y me puse a ver televisión, entonces me dijo que fuera con los mejicanos, que él se tomaría las pastillas y que mañana se sentiría mejor.

Yo me calmé y le dije que bueno.

Sentía que yo no podía dejar de disfrutar del viaje, no era justo. 
Así que me fui, tomamos vino, caminamos por las calles, tomé fotos, y me divertí.

Llegué a las 3 am al hotel y él estaba dormido, lo toqué y no había fiebre. Me alegré y me acosté.

Al otro día, cuando desperté lo vi mucho mejor, pero cuando le propuse salir por la ciudad él me respondió con una frase que fue la que partió todo. «Sigo enfermito»

Vida grandísima HP!!!! ¿Te tomaste la pastilla? Le dije.. – No, me respondió-.

Pues por eso sigues «ENFERMITO» grandísimo pelagato!! En ese momento sentí unas ganas incontrolables de ponerle una rodilla en el pecho abrirle la jeta y embutirle la pastilla.

Pero me puse a llorar, ya estaba harta, peleamos muy fuerte, nos dijimos cosas horribles, trajimos el pasado a colación y todo se rompió esa noche.

Dormí en el piso, le dejé la cama al «Enfermito»

Al otro día ya estaba mejor de salud, la tos se había ido y la pastilla había ayudado, yo no quería hablarle, sentía que si se la hubiese tomado con juicio estaría bien y no estaríamos en éstas.

Ese día casi no hablamos, yo me llevé la cámara y me fui con los mejicanos, regresé tarde y él no estaba.

Los últimos días fueron raros, yo no quería hablar, ya le tenía hasta fastidio, si en París.

Me levanté para salir y él me pidió la cámara, tuvimos otra pelea porque como ya hacíamos planes diferentes ahora el problema era de quién era la cámara; sin embargo yo cedí y se la dejé, al fin y al cabo yo tenía muchas fotos y pues él no la había utilizado.

El dia anterior a nuestro regreso y después de disfrutar de París de otra manera le pedí que por favor me descargara las fotos y que me las guardara en el computador para que en Colombia las pudiera quemar en un CD.

Y ahí es cuando todo lo que iba mal se terminó de la peor forma…

Me respondió. – Huy, ¿cómo así?, ¿No las descargaste?, Yo pensé que sí y las borré porque no había campo para mis fotos.

Sentí que me iba a desmayar, lloré, grité, llegué a mi límite. Nunca me sentí más sola, impotente y vacía. Lo odié!!! Con mi alma lo odié.

Esa noche la pasé con los mejicanos, por fortuna ellos tenían las fotos en grupo dónde yo salía y ese es el único recuerdo que me quedó de París. 

El viaje de regreso fue silencioso, pude cambiar de silla y cada uno llegó al aeropuerto por su lado.

La última vez que lo vi, fue bajando del avión. Nunca más hablé con él.

Supe que habló mal de mi, le dijo a algunos conocidos que yo lo había dejado enfermo para irme a besar con unos mejicanos. No me importa, no fue así.

Sé que quizás no fui la más comprensiva pero aún me da ira pensar en lo que hubiese pasado si él hubiese tomado los medicamentos.

Ahí quedó París… Pero espero reivindicarme y volveré algún día… Esta vez con mi propia cámara, por si acaso

Gracias por leer.
Por 
Pineda.

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