Elevador

Miradas cruzadas envueltas en una sonrisa extrema de coqueteos, mirada corta y fugaz pero candente e inevitable, situación incomoda que se hace excitante y revuelve la mente en pensamientos oscuros y mojados que se hacen imposibles de suprimir, de evitar, de controlar, que alborotan los sentidos a su máxima potencia y que no pretenden esquivar con temores los penetrantes ojos terracota que acechan, que investigan, que tocan y que calientan el espacio reducido pero inmenso para esta situación que pervierte el lugar y el tiempo al ritmo de una luz blanca que vibra y se hace sonora al vaivén de las miradas .


No hay nada que decir, solo buscar respuestas a preguntas que no se hicieron ni se harán, mientras el tiempo corre voraz para lo real pero detenido para la moral que se ha quedado fuera al cerrar la puerta a la lujuria es ahora la tercera entre los dos; miradas desafiantes, lenguas que humedecen labios preparándose para explotar en el choque desquiciado y animal que nos hace humanos.

Bocas que se acercan apasionadas, enfermas, manos que sudan que palpan, que se deslizan entre las piernas, manos descontroladas que se excitan mientras tocan, mientras toman todo lo que esta a su alcance al tiempo que las bocas insaciables se enfrentan en una lucha húmeda de respiraciones incesantes, pervertidas caricias que calientan los cuerpos y aceleran corazones hasta el borde del infarto.

Ropas que caen raídas por al fuerza de la pasión descontrolada, botones que vuelan por el aire como huyendo despavoridos de una explosión inminente, dos cuerpos hecho uno; moviéndose indomable, imparable hasta que concluya lo que ha comenzado, dedos que abrazan lenguas, seres que se juntan poderosos con la fuerza de un océano embravecido en un intercambio de almas mientras la manos tapan la boca para mantener la fuerza del encuentro silente, oculto, un recuerdo de dos, de uno…

Respiro….

El tiempo sigue su camino, solo se detuvo a ver lo que le interesó y ahora se aleja.
Cuerpos que caen de cabeza sobre el duro mármol de la realidad; miradas perdidas, esquivas pero satisfechas, irreales de nuevo… Sombras y puertas que se abren bajo el control de la vida:  personas que entran y salen, personas que nunca se volverán a ver pero que nunca serán olvidadas .

Feliz semana

Por
Diego Mauricio Pineda

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