mujer caminando feliz por la vida

La magia de las cosas más simples

Todos los días nos levantamos bajo la sombra de una rutina que no nos permite nisiquiera agradecer que vamos a vivir un nuevo día, una simpleza, pero si lo piensas bien, una maravilla que no valoramos porque «Siempre» está ahí.

 Nuestra mente, mal acostumbrada y necia, se niega por nuestra propia voluntad a pensar en las cosas buenas de vivir un día más y nos eclipsa los pensamientos con otros no tan amables como la falta de dinero y más problemas que a veces creamos nosotros mismos gracias a nuestras decisiones.

El trabajo, el tráfico, el paso del tiempo y nuestros pasos por las mismas calles de los últimos años de nuestras vidas nos llevan por un camino gris que se vuelve paisaje y nos quita el color que nuestros ojos quieren y pueden ver. 

La tecnología nos agachó la mirada y solo vemos hacia la pantalla de un sistema con el poder de arruinarnos la vida si deja de estar a nuestro alcance.

 Lo sé, eso es lo que hay y es a ese ritmo que va el mundo y que por ende debemos ir todos nosotros porque quedarnos atrás tampoco es una opción. 

Pero sí podemos hacer un paralelo, sí podemos levantar la cara sin desconectarnos del mundo, podemos parar y ver. Respirar y sentir el viento con los brazos abiertos. Suena rosa, lo sé…Pero, ¿lo ha hecho? 

Revisar nuestra vida para ver que la felicidad siempre está ahí, solo hay que ser felices.

 Mirar las cosas que tenemos con otros ojos, buscando las cosas buenas y sacando del corazón las malas, que aunque son parte de nuestro balance y nos enseñan, pueden ser dejadas en otro lugar de nuestro corazón.

 Comenzar a valorar a quién nos quiere, a quién está pendiente de nosotros, a nuestros padres, hermanos, familiares y amigos quienes debido a esa rutina gris guardamos en el olvido de asumir que siempre estarán ahí.

 Y aunque así es en principio, sabemos que no es para siempre y que la vida con sus giros es implacable con el tiempo que tenemos y que tienen quienes queremos. 
Por eso hay que estar felices, dejar de poner tantos problema en nuestro corazón, soltar cargas innecesarias, dejar la tristeza infundada y comenzar a ser felices y agradecidos. 

Sorprender a quienes queremos con una llamada, con un abrazo, con un simple mensaje. Agradecer por lo bueno y lo no tan bueno, evitar el conflicto con otros por pensamientos diferentes, vivir tranquilos y con la tranquilidad mental para solucionar los baches y caminar viendo en color nuestro camino. 
Al fin y al cabo para eso es la vida.

Sin embargo, quién soy yo para darle consejos, yo solo vine a contarle mi versión de los hechos.

Por Pineda

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