imprudentes

¡Larga vida a los imprudentes!

Ser imprudente es un arte que se domina con el tiempo, con muchas horas de trabajo y después de muchos osos inolvidables y la pérdida de dos o tres amigos intolerantes que no pudieron soportar el piloto automático de tu bocota. 

Soy imprudente desde niño, cuando apenas hablaba tomé la decisión de nombrar a las pelotas «Putas» y a los carros «Tanes». Hasta ahí no era más que un niño loco chistoso que hacía las delicias de mi familia.

Pero que con el paso del tiempo se convirtieron en osos enormes como aquel día en que mi Mamá me llevó a una iglesia donde habían enormes lámparas redondas que colgaban del techo y yo con mi imprudencia característica que apenas afloraba dije a grito herido. «Uy Mami tantas putas que hay en esta iglesia» haciendo que mi pobre mamá huyera despavorida conmigo en brazos evitando nuestra descomunión.

Así tengo mil historias familiares llenas de embarradas algunas graves como una vez en el colegio cuando el salón recibía tremendo regaño por una falta mayor de esas que todos encubren pero que yo convertí en paliza para mi al decir «No padre en ese parque no fué» dejando libre el camino al curita para desenredar lo sucedido. 

Más grande fue peor, y allí algunas personas me dejaron de hablar para evitar que los hiciera pasar terribles vergüenzas como decirle el nombre de la ex novia a la nueva novia de un amigo y nunca olvidar la mirada que me hizo y el tropel que le armaron al pobre. 

Les juro que trato de evitarlo pero mi imprudencia es superior, tanto que en situaciones complicadas recibo la recomendación de rigor «Pineda tu calladito, no digas ABSOLUTAMENTE NADA».

Pero como todo en la vida tiene un lado bueno, también mi imprudencia ha sido de ayuda en momentos complicados.como esa tarde de viernes cuando confundí a una extraña con una amiga que parecía hablar con dos amigos y sin dudarlo me lancé gritándole por la espalda «Mamacita Ximenitaa» Dándome cuenta que los «Amigos» salían corriendo y que no era Ximena. Era una desconocida a la que estaban asaltando y con mi grito y bullicio los ladrones me consideraron muy lámpara y huyeron. 

Lo cierto es que ser imprudente es parte de mi escencia. Y así espero que me acepten, porque aunque trate de cambiar no se va a lograr. 

Así que si ud me conoce y me cae bien seguramente lo saludaré desde la esquina a grito herido, le haré pasar uno o dos osos bien chistosos y de repente le sacaré la piedra alguna vez.

Pero entienda que mi imprudencia es un arte involuntario pero profesionalizado y especializado al que llamo con cariño… Sinceridad descontrolada.


FELIZ SEMANA
Diego Mauricio Pineda 

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