Memorias de una cita a ciegas.

Fui elegido, si. Elegido en un sorteo en el que no estuve para acompañar, vestido con mis mejores galas al baile de graduación a la amiga de una amiga.


Jamás la había visto y aún hoy al recordar esta historia me pregunto cómo fue el proceso de selección, ya que ni Facebook teníamos. Yo solo recibí una llamada de mi amiga notificándome de esa decisión a la que yo dije que si, sin poner pereque alguno. 


Solo sabía lo que mi amiga me había contado «Ella es muy linda». Eran los años noventa y en esas épocas locas abríamos los ojos al mundo y nos dejábamos llevar por todo lo que nos daba la vida. 


Los amigos eran todo. El centro del mundo. Uno confiaba seriamente en el inmenso vínculo de la amistad, y si mi  amiga me había dicho ella era linda, pues la vieja era linda, punto. Al fin y al cabo las cosas estaba iguales, pues mi «pareja» tenía exactamente la misma información dicha en otras palabras por la misma buena amiga: «El es super lindo » nada más.


Llegó el día, después de mucha espera, nuestra amiga en común había logrado mantener la distancia entre mi desconocida pareja y yo, quien metido entre un smoking por primera vez, perfumado, con el pelo repleto de gel y el visto bueno de mi amiga, esperaba en la sala a que bajara mi pareja para por fin conocerla y si tenía suerte gustarle, o al menos caerle bien. Era cuestión de actitud la vaina. 


De repente bajó una señora muy elegante que nos miró de arriba a abajo, saludamos y esperamos… Al rato, por las escaleras baja una señorita vestida en palo de rosa con ojos brillantes, nariz respingada y una sonrisa inmensa. Sentí que me iba a desmayar, me había enamorado locamente en mi primera cita a ciegas.


Lo que viene es surreal, yo aún no entiendo muy bien ese espacio-tiempo en el que todo se oscureció. Mientras bajaba la escalera mi hermosa pareja,  pisa su vestido en la escalera, se enreda de forma extraña y cae de narices contra la baldosa de forma violenta. (aún me pregunto por qué no puso las manos) dándose un golpazo que nos dejo fríos, estáticos. 


Pero me atropelló la realidad cuando su Mamá desesperada grita, mi reacción es ir a ayudarla,  está desmayada,  pienso primero. Pero luego siento que está respirando, tranquilizo a la señora y con mi amiga tratamos de ayudar a levantarla, hay sangre por todas partes y está muy mareada. Hay que llamar una ambulancia, la fiesta había terminado. 


Con un ruidaje infinito de sirenas me encontraba en la ambulancia sosteniendo la mano de la accidentada ya que su mamá, quien también iba a la fiesta, no se había podido subir a la ambulancia por el vestido y en un segundo me treparon a mi.Y debo confesar que se veía muy grave.

 
Al llegar a la clínica y por la cantidad de sangre de nuestras vestiduras creyeron que nos habíamos accidentado en un carro, y un policía nervioso alcanzó a estrujarme y a echarme la madre por mi irresposanbilidad, pero mi amiga y la Mamá de de mi pareja venían en el carro de atrás y salvaron mi pellejo antes que el policía me clavara la mano.


8 puntos en el tabique y una cirugía reconstructiva de tres horas para arreglarlo, un tobillo dislocado, y un vestido arruinado marcaron el final de esa cita a ciegas, sin contar con mi smoking alquilado que después de enviar a lavar se salvó.

 
Y aunque esta historia es ahora un recuerdo, debo decir que no tuvo un final feliz. Pues con todo lo que pasó, no tuve tiempo de conocer a mi cita a ciegas. Esa noche en la clínica fue la última vez que la vi. De vez en cuando le preguntaba a mi amiga por ella y me decía en pocas palabras que estaba bien. Y pues yo dejé de preguntar.


Lo que sí me he preguntado siempre, es por qué la vida me puso en esa situación, en ese momento tan angustiante con una persona que no conocía, y aunque sé que nunca sabré la respuesta pues la reflexión es que siempre hay que estar preparados para cuando todo se oscurece. 


Pero quién soy yo para dar consejos, yo solo estoy aquí para contar mi versión de los hechos. 


Feliz semana !!

Diego Mauricio Pineda R

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