Reflexión de vida (Desde la banca de un parque)

Las cosas como son, la vida es una colección de momentos de todos los sabores que se supone, reunidos; nos llevan por un camino de aprendizaje que al final de la historia se verá reflejado según lo que hayamos tomado y sobretodo aplicado lo aprendido.


Mejor dicho, básicamente lo que estamos viviendo hoy es el reflejo de lo que hemos hecho o hemos obrado en el pasado. Bien dicen por ahí que lo que sembremos será lo que recogeremos.


Desde mi esquina y sin entrar en intimidades que nunca entenderían ni tampoco contaré, les diré que como todos; he atravesado tiempos difíciles y puedo decir con seguridad que la vida me ha revolcado un par de veces duro.


Casi que no me levanto la última vez que eso ocurrió, pero aquí estoy vivo. Aún con uno que otro recuerdo que no se deja despedir del alma y una que otra experiencia que descuadra la armonía en la que hoy vivo o por lo menos trato de vivir.


Y es que con la edad la vaina se ve diferente, y uno comienza de algún modo a entender a los papás en ideas que cuando jóvenes veíamos ridículas y sin sentido.


Pero tampoco estoy hablando de vejez, estoy hablando de la vida, de la forma de hacer catarsis y de llegar a lo máximo en ella que para mí, en este momento es vivir tranquilo.
Estoy hablando de recoger lo que sembré durante mi camino, de saber que es momento de entender al otro y ponerse en su lugar a la hora de las tristezas más que en las alegrías.
Estoy hablando de que es más hermoso dar un regalo que recibirlo y que hacer cosas por alguien no tienen mejor recompensa que verle la cara de felicidad.


De sentir empatía por todos los seres vivos, de hablar con las plantas y de sentir admiración por un colibrí etc. Grandezas de ser grande y poderlo comprender.
Y no, tampoco es madurar. Es simplemente crecer, de alma. De espíritu.
Ver el mundo diferente con las preocupaciones de lo que vendrá, que me importe la economía, el medio ambiente, comer saludable, cerrar la puerta con llave en las noches, rezar.


Que llorar deje de ser visto como debilidad, y se vea como reacción a recordar, a evocar. A la nostalgia. Nostalgia que siempre tendremos hacia los tiempos pasados, no mejores, no peores… Pasados.


Estoy hablando de vivir con toda la energía y la sabiduría que deja lo caminado, de ver los sueños de cerca junto a los que amas, de querer banalidades y simplemente adquirirlas.
De entender la diferencia entre lo bueno y lo malo y de tomar las decisiones correctas ante las dificultades que siempre estarán allí hasta el final del camino.


De tener claro que estoy en la mejor edad de la vida donde simplemente puedo caminar con lo mejor de los dos mundos, la juventud y la vejez hablando con fluidez ambos idiomas.
Hablo de tener la seguridad que no voy a ver pasar mi vida desde una oficina y que sí se puede trabajar ganando bien desde cualquier parte. De trabajar por lo mío, de construir bases fuertes para un final de vida tranquilo.


Dirán que esta reflexión es «Madurar». Yo no lo he hecho y espero no llegar a ese estado.Simplemente estoy viviendo, sigo aprendiendo, cambiando y reflexionando después de un mal día que ya quedó en el pasado.
Porque siempre amanece.


Feliz semana.

Por

Diego Mauricio Pineda.

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